¿Qué actitud tomar frente a la pregunta que te plantean, al menos día por medio en tu diario vivir? Esa inquietud que genera tanta incomodidad para el cuestionante como para el cuestionado, especialmente cuando este último está dedicando su vida solo a cumplir con su ciclo vital natural.

La incomodidad se genera, solo cuando la respuesta va a ser una de las dos variantes posibles: Una negativa o una evasiva

Ejemplo de la respuesta negativa: No, no estoy haciendo nada (era bastante obvio, ni sé para qué me desgasto dando el ejemplo).

Ejemplos de la respuesta evasiva: Bien bien ahí vamos; bien ahí en la lucha; no pues ahí dándole; no pues todo lo mismo, ahí consumiéndome el oxígeno del planeta y quitándole la oportunidad de respirar a alguien que merece ser digno de vivir. (Hay respuestas para todos los gustos y situaciones).

Entre todas las excusas anteriores (porque así se llaman realmente) hay una que, gracias a su ambigüedad, puede salvarte de una situación bochornosa, si te encuentras entre el 10,2% de la tasa de desempleo según el DANE (puede que la cifra no sea exacta, la verdad, poco importa). Basta con decir que estás “freelanceando” ¡y ya! con eso se salva la patria, al menos hasta los siguientes dos días, cuando te hagan nuevamente la misma pregunta.

Hay que aclarar, que estoy hablando es del “freelancer no ganador”, es decir, cuando se usa como excusa; no como el “freelancer ganador” que le va bien en la vida y es el primero que se ofende cuando lee este tipo de cosas, porque sin querer queriendo termino ofendiendo al “gremio de freelancers” (felicitaciones muchachos, sigan así de emprendedores).

Ahora bien, retomando el tema. Si llega alguien y te pregunta:

-¿Estás trabajando?

Debes tener con toda la actitud del mundo, mirarlo directamente a los ojos y decirle:

– Emmmm, si, si, estoy trabajando, soy … ¡FREELANCER!

Al decir la palabra mágica, el silencio se apodera del escenario; a continuación llegan las exclamaciones de júbilo inmortal; y es ahí, justo ahí, cuando se interesan más de lo esperado en tu arte u oficio, entonces debes prepararte para “chicanear”:

– Si mira, soy mi propio jefe, manejo mi propio espacio, mi propio tiempo, salgo, volteo, voy al gym, saco al perro a pasear… soy mi propio jefe.

Hasta ahí, todo es perfecto, todo es paz y serenidad al haber esquivado esa bala. Pero como la vida no es color rosa, no faltará que, quien te hace la pregunta, tendrá además la cochina y puerca intención de verte mal, por lo que hará un último cuestionamiento para intentar desequilibrarte, un disparo tan incisivo que parecerá digno de los tiempos de la inquisición:

– ¿Freelancer? ¡Pero que bueno! Y dime… ¿ganas bien?

Pregunta matadora, a la cual puedes responder siendo sincero (pelando el SISBEN), o con una respuesta que aparentemente puede ser mucho mejor:

– Pues… soy mi propio jefe, manejo mi propio espacio, mi propio tiempo, salgo, volteo, voy al gym, saco al perro a pasear… soy mi propio jefe.

Por eso, con entonado acento, hay que decirlo con berraquera, con orgullo, con entusiasmo, como si el mundo acabara; haciendo notar esa fuerza pujante y guerrera; y con fiereza gritar a todo pulmón:

– MI NOMBRE ES (insertar aquí el correspondiente nombre de pila) Y ME ENCUENTRO ORGULLOSAMENTE, DES… DESEMPLE… DESEM… Desento… ¿Desentonado?… desen… Desentendido, destemplado….

…

Siendo sinceros, a nadie le gusta estar en las malas y mucho menos que los demás lo sepan. Si alguien quiere ser pretencioso y dárselas de muy muy, aparentando lo que no es; bien pueda, está en todo su derecho, pero no se queje cuando lo cojan en la mentira. O si quiere decirlo dulce y tranquilamente, pues bien también. A fin de cuentas ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que le embarguen el sueldo?

MIÉRCOLES, 8 DE MAYO DE 2013