Era la década de los 80s. Muchos tuvimos una niñera cuadrada y de perilla (la cual traqueaba como si se fuera a acabar el mundo, y que a su vez estaba marcada desde la U hasta el 13. Al menos la perilla de arriba, la de abajo tenía mas números, creo que iban como desde el 1 hasta infinito, la verdad, nunca pude entender como funcionaba). La calidad televisiva era al menos sanamente entretenida.

El televisor, el archienemigo del pseudointelectual que grita a los cuatro vientos la cantidad de libros que lee, además de hacer un uso desaforado de citas de los textos (generalmente sin ponerlas entre comillas, atentando moralmente contra los derechos de autor) para demostrar hasta el cansancio que es una persona “culta”.

Algo muy curioso que he notado, es una especie de satanización televisiva, donde al hacer una pregunta tan inocente como: ¡Hey! ¿Te estás viendo “X” programa? (especialmente colombiano y especialmente si se trata de un reality), las reacciones van desde el simple “no lo veo, no me importa”, hasta el “yo no veo televisión, ¿usted cómo es que se ve eso? ¡Que decepción! Los programas tienen que ser educativos y culturales, ¿sabe qué? Mejor quédese viendo Los Simpson.” (Esta última reacción no es exageración mía, realmente sucedió, y hasta el sol de hoy, aún me preocupa su bipolaridad).

Otra situación que acontence, es la de una sugerencia semi-ofensiva cuando existe una serie basada en algún libro y surge la duda de si verla por televisión o leerse los libros. El intelectualoide de turno siempre (y cuando digo siempre, es porque siempre es siempre) dirá: léete los libros 😉 (con guiño de ojo incluido). Yo no estoy de acuerdo con esto. Lo uno no es mejor que lo otro, son simplemente perspectivas diferentes. ¿Quiere conocerlo todo completamente? ¡Haga las dos cosas! ¡Combinar la parte introspectiva del libro junto con la visual de la magia televisiva!

Por cierto un pequeño paréntesis. Según la RAE, libro es: “Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”. Esto lo digo porque hay gente que le da un significado igual. No es lo mismo EL LIBRO que el libro electrónico, libro digital, ciberlibro, e-book, eBook, o como se le quiera llamar. Pero no lo llamen simplemente libros ¡por favor!

Conozco a lectores tan apasionados, que detallan con tanto placer y cuasi lujuria lo que se siente el tener un libro en las manos, su peso, textura, color de sus páginas, aspirar ese olor a nuevo… o los ácaros cuando se trata de una reliquia.

Las palabras tienen su razón de ser, y un libro es puramente físico. Tal vez sea algo caprichoso al hacer la distinción, pero es algo que me perturba (no afectará el sentido de mi existencia pero sé que el universo se mantendrá en armonía).

Retomando el tema, no se cuál es la discriminación que existe con la tele. Es tan sencillo como esto: Llega usted a alguna parte, a medio día, y necesariamente tiene que interactuar con demás personas. No hay alcohol disponible que lubrique sus habilidades sociales…

Como diría Bob Marley: whatcha gonna do? whatcha gonna do? When they come for you?

Lo único que se le viene a uno a la mente, son los realitys de turno, los de moda. Usted salva la patria hablando de eso, sea para bien o para mal. Si es para mal (también aplica si no se ha visto ninguno, el argumento igual se acomoda a la situación), fácilmente puede decir: Ayyyyyy nooooo pero que pesar, como sufren, como se angustian, como duele, como lloran la mamá. Además que siempre está la zunga, el fanático religioso, y el galán amargado. En todos los realitys siempre aparecen los que cumplen esas características, como mínimo. O para bien, que en ese caso ya se ve lo adicto que se es al show, dando datos irrelevantes super ñoños de los participantes y sabiendo además de su vida privada, ya sea el nombre que tenía antes de cambiárselo por ser lo mas desagradablemente sonoro y antiestético de este mundo, o si es una madre soltera sabiendo el nombre del papá (que generalmente es un papá Houdini… escapista pues, por si no me cogieron la referencia).

En fin, los temas de televisión son los que amenizan el rato, especialmente para disminuir la distancia entre generaciones. (Aceptémoslo, nunca hay tema en común con los diferentes gustos generacionales, se nota fundamentalmente con ese gustico musical que se mandan. Esta juventud apocalípticamente desenfrenada… ).

Respecto a la calidad televisiva de nuestra adorada patria, no defiendo ni las narco, ni las paraconovelas, ni los reality shows donde se muestre cada vez q somos mas “colombianos”. Es verdad que se podría mostrar menos de lo mismo. Esa ha sido la discusión de siempre y lo que yo diga en este momento será igual por lo que no ahondaré en ello. Aunque no niego que me río mucho con los comentarios que les hacen en Twitter.

Katie Holmes en su papel como Rachel Daws le dice a Batman en Batman Begins: «No es quien seas en el interior, tus actos son los que te definen.» Bien podríamos aplicarlo a la realidad y acabar con tanta indignación que existe por parte de la “gente de bien que no ve televisión y atacan a los que sí”. Algo como: «No es lo que veas en televisión, tus actos son los que te definen.»

VIERNES, 5 DE JULIO DE 2013